Gastronomía

Saborear con los cinco sentidos. Es lo que ofrece la gastronomía de Mosqueruela, con platos que marcan el paso de las estaciones, que se nutren del entorno y la tradición, sin renunciar al toque de modernidad e innovación que imprimen los establecimientos locales.

Las gachas (de harina de garbanzo) y las pellas (pelotas hechas con pan, huevo y trozos de jamón y conserva) son dos imprescindibles de la cocina mosqueruelana más tradicional. Dos platos aliados para combatir las bajas temperaturas del invierno.

Siguiendo con los platos de cuchara, emergen los que contienen entre sus ingredientes los productos de cultivos típicos como la patata, la col o las legumbres, y aquellos a los que imprimen sabor y color las setas y hongos que proliferan en todo el término municipal, con el preciado robellón o la trufa a la cabeza.

En lo estrictamente cárnico, destacan los embutidos; y la conserva de cerdo en aceite, hecha con parte de la matanza y con la que se elaboran también las ‘roscas’ de Pascua saladas, muy demandadas en la localidad. Las carrilleras; el rabo de toro; carne de caza (perdices y codornices guisadas o escabechadas); los bolos (hechos con sangre de la matanza, manteca, y pan rallado); el cordero (paletillas y chuletas) y un largo etcétera se suman a la cocina local.

En lo que a postres se refiere, se despliega un nuevo y amplio abanico: torrijas, coscarañas, pasteles de cabello de ángel o de boniato, almendras garrapiñadas, brazo de gitano, mantecados, almendraos, torta…

Y como guinda al variado menú y para favorecer la digestión, la bebida por excelencia: el zarzón, elaborado con miel o jarabe de limón, vino tinto y bicarbonato.

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